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15 hábitos saludables si te quedas sin trabajo. (II).

15 hábitos saludables si te quedas sin trabajo. (II).

En el post anterior repasábamos una lista de algunos buenos hábitos a tener en cuenta en caso de perder el empleo. Seguimos con ella:

4.- Habla con gente. No sólo con tus conocidos, sino con cualquiera en un momento dado. Ahora te interesa tener información de lo que se mueve en tu entorno, así que cualquier conversación puede constituir una fuente de oportunidades. En la panadería, en el mercado…, quien sabe dónde pueden comentar “pues en esta calle van a abrir una cafetería”. Y quien dice esto, dice otra cosa.

Desde luego que estar solo, dándole vueltas a la mala suerte que tienes y lo injusto que es el mundo contigo, no te va a ayudar a salir de tu situación. Al revés, disminuirá tus posibilidades de salir de ella. Por el contrario, tomar un café o mantener conversaciones sinceras con colegas o amigos, puede ser una buena manera de que se acuerden de ti si por casualidad se les presenta la posibilidad de buscar a alguien para un puesto de trabajo de tu perfil. Y si no ocurre esto, al menos tendrás nuevas ideas, compartirás inquietudes y estarás al tanto de lo que se cuece en el mundo laboral.

Eso sí, ojo con abusar utilizando a tus amigos para lamentarte de tu situación. Por muy amigos que sean, acabarán cansados y hartos de ti. Ellos, aunque tengan trabajo, también tienen sus problemas, y todo el mundo prefiere hablar con alguien optimista y animado que con un cenizo que todo lo ve negro.

5.- Prepara un plan de ahorro. Es probable que dispongas de prestación pero esto siempre es por un tiempo limitado, así que preve y márcate un presupuesto, un plan para gastar menos que antes, o trata de reducir gastos cotidianos. Aunque al principio te parezca difícil, trata de estudiarlo bien. Puedes cambiar de compañía de móvil o internet, puedes escoger con más criterio los lugares donde vas a picar el fin de semana, la frecuencia con la que te compras tabaco (si es el caso) o pequeños caprichos…

Siempre hay formas de ajustarse el cinturón, aunque a veces impliquen un pequeño trámite que dé pereza (en el caso del móvil) o cambios en los hábitos (en el caso del tabaco, que se suele pensar “¡¿precisamente ahora?!”). Debes ser disciplinado y estricto para poder cumplirlo.

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6.- Cuida tu imagen. Aséate todos los días. Dúchate, ponte colorete, maquíllate, aféitate. Mantén como mínimo los mismos cuidados que cuando estabas trabajando, y no salgas a la calle con un chándal (salvo que vayas a hacer deporte) o con ropa raída. Mantener una buena imagen es requisito imprescindible para mantener la autoestima, que en esta transición puede flaquear.

Y por supuesto, recordemos que nuestro aspecto personal es nuestra primera carta de presentación. No jugaría a nuestro favor que un entrevistador para una oferta de empleo detectara nuestra dejadez en el vestir o nuestro pelo sucio (y lo detectan), como tampoco nos vendría bien que se percatara de esto la persona a la que le pedimos una recomendación informal, o que le diga a su jefe que hay una persona interesada en su empresa.

7.- No veas mucha tele. Los programas que hacen habitualmente en la tele no te van a aportar nada útil. Te hacen estar quieto, y cuando te das cuenta se te ha ido la mañana entre consejos médicos para jubilados, cocineros, testimonios de marujas o gritos entre “cutre-famosos” del momento.

Cualquier alternativa a tirarte en el sofá a ver la tele que te obligue a dedicar tu tiempo a otras cosas, será mejor que no hacer nada. Estar activo es mejor para el estado de ánimo que la pasividad a la que nos induce la tele. Aunque pienses que no tienes nada importante que hacer, estar ocupado en lo que tú decidas es mejor que esa pasividad.

8.- Identifica tus fortalezas y también tus puntos débiles. Reconoce y potencia las primeras y corrige o minimiza los segundos. Dedica un tiempo de trabajo personal a valorar exactamente qué puedes aportar a alguien que esté dispuesto a contratarte. Esto te ayudará a reafirmarte y a saber venderte.

Valora de la manera más objetiva que puedas tus conocimientos y experiencia, y piensa en qué tipo de empresas y puestos podrían ser útiles. Cuando hayas pensado esas competencias que se te ocurren que tienes, una buena idea es contrastarlas con una referencia externa, un amigo o familiar que pueda ayudarte a separar tus fantasías de la realidad, o tal vez a descubrir cualidades que tú no has valorado.

9.- Adáptate a la nueva situación. Esfuérzate para ello. Ya sabes, “adaptarse o morir”. Aunque antes tuvieras un puesto y un sueldo superior a los que te ofrecen ahora, o directamente ahora no te ofrecen nada, la vida sigue. De nada sirve buscar culpables o resignarse adoptando una actitud victimista y quedarse de brazos cruzados.

Puede ser motivo de orgullo personal si te adaptas y eres capaz de mantener el mayor grado posible de felicidad frente a la adversidad, porque eso tiene mérito. Eso no quiere decir que todo lo que está pasando en tu vida te parezca bien. Tienes derecho a quejarte, y mejor aún, tienes derecho a hacer lo posible para que la situación cambie. Pero si además lo haces de una forma adaptativa, será más saludable para ti y no acumularás un estrés que si se convierte en crónico puede tener múltiples consecuencias.

10.-Practica la proactividad. No te acostumbres a vivir en unas continuas vacaciones (a no ser que sea lo que quieres y te lo puedas permitir), porque eso no suele ser la vida real y cualquier cambio desde ahí será a peor. Si no actúas en alguna de las direcciones posibles, lo lamentarás en un futuro cercano.

Hay mucha incertidumbre y muchas variables que no controlas, pero psicológicamente te sentirás mejor si sabes que has hecho todo lo posible. Buscar trabajo es ya un trabajo en sí, y como dice Alfonso Alcántara (@yoriento), “tenemos un plan estratégico: hacer cosas”.

(Continuará…)

 

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