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Vivir con pasión, un gran reto para muchos.

Vivir con pasión, un gran reto para muchos.

Últimamente se ha popularizado la idea de que has de hacer lo que te apasiona, encontrar tu elemento o ponerle pasión a lo que te dediques. Estas ideas son muy inspiradoras y creo que necesarias en la realidad que vivimos, sobre todo para las personas que no tienen un empleo estable satisfactorio o no han podido conocer su vocación. La pregunta que se me ocurre a continuación es: ¿es esto posible siempre? La realidad muestra que el mercado laboral es nefasto. Cuando entras en la dinámica de trabajar en malas condiciones para pagar las mismas cosas que al final son las que te atan al trabajo… es difícil salir. El mercado invita a entrar en una “cadena de montaje” donde muchas veces las personas se sienten alienadas. Piensan “ay, si pudiera volver atrás, lo habría hecho de forma diferente…” pero ya no pueden volver atrás. Y aunque la vida puede dar otra oportunidad para empezar de cero, ¿lo harán diferente? En realidad siempre hacemos las cosas lo mejor que sabemos en cada momento. En muchos casos el fallo no creo que esté tanto en las decisiones o aspiraciones de las personas como en las condiciones laborales que imperan en la actualidad. Y eso, por mucha rabia que nos dé, no está bajo nuestro control. Así que la pasión aplicada al día a día se presenta a la mayoría de personas como un gran reto, aconsejable, pero difícil de llevar a cabo. Para empezar, de niños no se nos entrena activamente para gestionar las emociones y sentimientos, para conocernos a nosotros mismos ni para buscar y descubrir lo que nos...
Ser empleado o desempleado: ésa es la cuestión.

Ser empleado o desempleado: ésa es la cuestión.

En mi experiencia como orientadora laboral, observé cómo los jóvenes veían mermadas sus ilusiones cuando, después de haber estudiado para especializarse, no encontraban salidas profesionales. Y cómo a los mayores, después de pasar toda la vida trabajando, les despedían y les limitaban su vida laboral antes de que hubiera terminado, dejándoles sin la principal actividad que llenaba su vida de sentido y casi sin pensión. Pero esto es algo que ya sabemos por las estadísticas, cuando nos hablan sobre las personas con más vulnerabilidad en el mercado. Lo que me pareció más interesante fue el hecho de estar en contacto con la realidad de sus vidas y las diferentes percepciones de esas realidades, que además en ocasiones coincidían bastante con mi propia visión, puesto que yo también he sido empleada y desempleada. A lo que me refiero es a cómo cambia el enfoque del día a día de una persona con y sin empleo. Voy a permitidme generalizar: La persona que tiene empleo tiene clara su misión y su rutina, cuál es su sitio, sus tareas u objetivos del día, y sus planes después del trabajo pueden ir enfocados a relajarse, a pasarlo bien o a mejorar su calidad de vida en algún aspecto. Puede apetecerle dedicar su tiempo y sus energías a probar nuevos hobbies o a variar sus actividades, como por ejemplo adquirir una bicicleta de paseo, irse de viaje en sus vacaciones, ir al cine o cenar fuera de casa. Puede plantearse nuevos proyectos vitales, como cambiar de casa, sin que ello suponga un sacrificio… En definitiva, se eleva un escalón en la famosa pirámide de necesidades...