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La incomodidad de no ser coherentes.

La incomodidad de no ser coherentes.

A todos nos encanta pensar que somos personas coherentes, pero como seres imperfectos que somos, la realidad es que no siempre conseguimos hacer lo que decimos o lo que pensamos.

A la sensación que produce percibirnos incoherentes en psicología se llama disonancia cognitiva, una especie de incomodidad o tensión al ser conscientes de que en nuestro pensamiento hay una encrucijada que no nos cuadra. Por el contrario, ser coherente sería cuando lo que sé, lo que quiero y lo que hago van en la misma línea.

Ejemplos de incoherencias serían: Mantener dos ideas incompatibles o contradictorias; decir o pensar una cosa y hacer otra distinta; decidir que hemos dejado de hacer algo y a pesar de eso hacerlo.

Si nuestra incoherencia no nos crea incomodidad, entonces es posible que tengamos otros problemas diferentes, como falta de conciencia de un problema, falta de disciplina, falta de autocontrol o falta de motivación.

Cuando nuestras creencias no van en el mismo sentido que nuestros actos, podemos hacer dos cosas:

-Una es dar más valor a la opción elegida en este momento y darle menos a la alternativa no seleccionada, de forma que damos importancia a lo que más nos interese. Por ejemplo, “por una copa no me va a pasar nada; es sólo algo agradable que me quiero permitir”, o “sólo es un trozo de pastel; luego hago ejercicio y lo quemo. Si no puedo darme un pequeño premio, ¿qué me queda?”

Esto explica nuestra tendencia a la autojustificación y la autoindulgencia. Al justificarnos conseguimos reducir la ansiedad que nos provoca nuestra actuación, conseguimos darle una coherencia y una validez. Negamos nuestra responsabilidad en ella, negamos las consecuencias negativas y la incongruencia producida: “si bebo sólo en fiestas, no habrá problema”; “si me como esto y lo compenso, no habrá problema”…

Si no somos conscientes de que utilizamos la autojustificación, podemos caer en el autoengaño y la negación de algo que desde fuera se hace más que evidente. Esto hará que no se nos tome en serio, que nuestra integridad quede en entredicho. Como: “Que sí, que he dejado de beber, que sólo es ahora y ya está”, o “No estoy incumpliendo mi palabra por comerme un trozo de pastel”.

Pero, ¿Por qué nos autoengañamos? Pues porque es desagradable reconocernos la verdad o corregir los errores. Así que nuestra mente busca una salida para esquivar la ansiedad o el malestar.

Si somos conscientes de este mecanismo, sentiremos culpa, enfado, frustración o vergüenza. Podrían surgir pensamientos del tipo: “No cumplo lo que me propongo, no soy de fiar”, “No confío en mi propia palabra”, “Me han pillado saltándome mi propio trato”.

disonancia cognitiva

-La otra alternativa ante la incoherencia es comprometernos firmemente con nuestra creencia y hacer los cambios necesarios en nuestra conducta. Así de sencillo, aunque nos parece mucho más difícil hacerlo que decirlo.

Aunque a corto plazo nos cueste mucho no beber esa copa o no comer ese trozo de pastel, si eso es lo que queremos, racionalmente hablando, a largo plazo nos sentiremos mejor cuando cumplamos con nuestra palabra, ya que esto es lo que está ligado a los principios y valores que rigen nuestra vida.

La mente humana siempre resuelve la disonancia cognitiva de alguna manera. Leon Festinger y James Carlsmith, que fueron quienes acuñaron el término,  demostraron algo sorprendente: Si a una persona le piden que mienta y ésta no se considera una persona que mienta habitualmente, logrará decir la mentira y seguirá pensando de sí misma que es una persona honesta. De esta manera, ha resuelto la disonancia a su favor.

Ejemplos de situaciones patológicas donde se produce la disonancia cognitiva son las adicciones (tanto tóxicas, como al alcohol y a las drogas, como las no tóxicas, como al juego o a las compras).

Ejemplos de situaciones no patológicas en las que también se produce:

-Si después de gastarnos un dineral en un capricho tenemos remordimientos, nos quedan dos opciones: o racionalizar nuestra decisión (“ha sido una ocasión”, “hay que darse una alegría de vez en cuando…”) o reconocer que nos hemos equivocado y aprender del error.

-Cuando vemos nuestra vida y nuestra realidad mediocre o gris y, ante tal panorama desolador, intentamos sacar la parte positiva para no venirnos abajo. De manera que nos contamos (a nosotros y a los demás) otra versión más agradable, más potable. Esta es una forma de acabar con la incoherencia que alguna vez hemos practicado todos, y que considero que es saludable.

 

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